Llego septiembre y con él, el último informe de gobierno de Enrique Peña Nieto. En su último informe el Presidente de la República se dirigió al país a través de una transmisión televisiva desde palacio nacional, con un mensaje que incluía temas que se habían mostrado ya en promocionales en redes sociales y entrevistas en medios de comunicación que el mandatario había realizado. En estos materiales, el presidente ha sorprendido tocado temas delicados, como el escándalo de la Casa Blanca, la polémica invitación a Donald Trump o el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Peña aborda estos temas en el marco de su último informe, en breves spots, al parecer su formato favorito, buscando explicar los asuntos que más polémica causaron a su administración, esfuerzos que para muchos fueron tardíos e insuficientes.

 

Pero menos, este último año, el presidente se ha mostrado con una estrategia de comunicación más institucional, dejando atrás las exageraciones y los “bloopers” constantes, mostrándose con un aire conciliador.  Así, Peña Nieto busca posicionar los logros de su gobierno y reconciliar con la ciudadanía, en un sexenio en el que su aceptación fue de más a menos y en donde la elección del 1ero de julio dejo entrever la gran insatisfacción de una gran mayoría de los votantes, hacia el Gobierno Federal actual. Y es que México es un país en donde la figura del Presidente es aún la más relevante en el sistema político mexicano, depositaria de todas las esperanzas nacionales, así como culpable de la mayoría de los males.

Si, un México en donde aún tenemos un sistema marcado por un Presidencialismo muy nuestro, que si bien ha cambiado, no deja de ser característica de nuestro sistema político.  La figura del Presiente de la República como epicentro del quehacer político, característica definitoria de nuestro sistema. Si, el informe ya no se lee en la Cámara de Diputados, pues se había convertido en una especie de show en donde la oposición y sus protestas versus el Presidente eran el protagonista,

Así, aun cuando gracias a la oposición de la Cámara de Diputados, lejos quedaron esos tiempos en donde el informe de gobierno del Presidente de la República eran conocidos como “el día del presidente” en donde todos lo veneraban; es innegable que el aún el Poder Ejecutivo es el actor protagonista y de mayor relevancia de nuestro sistema, y realidad que parece no cambiara en el futuro próximo. AMLO llega cobijado por una mayoría arrasadora, y es también depositario todas las esperanzas de nuestro país, pero también será tildado como culpable si las expectativas de cambio no se logran.

Y quizá la mayor diferencia de los Presidentes anteriores será el tener un Legislativo que parece que más que volverse un contrapeso hacia el Ejecutivo arengaron canticos en favor de nuestro próximo presidente de la República. Un recinto que los últimos años no ha recibido amablemente a los Titulares del Ejecutivo.

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